¿Por qué el sexo produce tanto placer?



Sexo y motivación están íntimamente relacionados. La motivación, casi la obsesión, que nos mueve a apareamos y practicar sexo está asociada, en realidad, a la búsqueda de placer que está controlada por estructuras cerebrales y moléculas que pertenecen al llamado sistema cerebral de recompensa o gratificación. De manera muy simplificada, podemos decir que ciertas conductas, como la ingesta o la reproducción, que en nuestro caso se consigue con el sexo, son esenciales para nuestra supervivencia como especie. Podríamos decir que forman parte de lo que llamamos coloquialmente nuestro instinto de supervivencia. Comer. Beber y procrear son algunas de esas conductas orquestadas por la acción de sustancias neuroendocrinas que interactúan en complejos circuitos neuronales, que se encargan de que sintamos placer cuando realicemos alguna de esas tareas. Y es que hay pocas cosas en la vida que nos produzcan tanta satisfacción y goce como practicar sexo, lo que es, precisamente, el mecanismo subyacente de la conducta sexual: la motivación. El sistema cerebral de recompensa está constituido por una serie de regiones cerebrales que controlan la excitación, las sensaciones de placer, la atención y la motivación para perseguir y conseguir recompensas. Cuando se libera dopamina de las neuronas de estas regiones, esta estimula unas vías que harán que sintamos placer haciendo eso que estamos haciendo, dándonos la sensación de que algo interesante está ocurriendo. Nos vamos a sentir gratificados o recompensados por sensaciones de placer. Por eso, a la dopamina se le llama la molécula del placer.





Pero no sólo conseguir la recompensa, en este caso, copular, nos produce placer, también todo aquello que hagamos para conseguir copular, es decir, las expectativas que tengo o las estrategias que voy a llevar a cabo para conseguirlo. Y esto es muy importante para entender nuestras conductas sexuales y amorosas. El sistema cerebral de recompensa está especialmente activo durante la excitación sexual y el orgasmo. Lo cual tiene su lógica. Si la perpetuación de la especie humana depende de la eyaculación masculina, tiene sentido que esté Fuertemente recompensada. Cuando los hombres se excitan hasta alcanzar el orgasmo. Dos regiones de su sistema de recompensa se encuentran extraordinariamente activas: el área tegmental ventral, donde actúa la dopamina, y el núcleo accumbens donde también actúa la oxitocina. Durante el orgasmo, otras regiones parecen también activarse: la corteza sensorial genital, que permite la excitación física y la cerebral; el tálamo, que despierta la señal de excitación física, la amígdala, que regula el deseo y las reacciones emocionales, el cerebelo, que coordina la motricidad y y elabora las emociones, el hipocampo, responsable de coordinar la percepción visual con los recuerdos que se tienen de lo que se percibe (lo que podría estar asociado a la evocación de recuerdos y la aparición de fantasías y pensamientos eróticos), la ínsula y el córtex del cíngulo anterior, que favorecen la vivencia intensa del placer, y el hipotálamo, que controla la secreción de muchas moléculas neuroendocrinas. De este último, en concreto, se activan las células de la región para-ventricular, que secretan oxitocina, se encargan de modular las respuestas físicas del orgasmo, pero también actúan a nivel cerebral. Esta región se activa sólo con el orgasmo durante la relación sexual con una pareja, pero permanece silenciada en la masturbación. El aumento de oxitocina conlleva la liberación de serotonina, cuya acción conjunta aumenta la sensación de placer vivida con la pareja. La oxitocina tiene sentido para crear apego y vínculo entre las personas después del coito. También se ha comprobado que la estimulación genital desencadena la liberación de vasopresina. Adicionalmente, ante una mayor actividad en las áreas mencionadas, se ha encontrado actividad mermada o silenciada en otras tantas del neocórtex, propiciada principalmente por el aumento de la dopamina.


En las mujeres, la escalada de placer hacia el orgasmo es muy similar a la de los hombres, también aumenta la actividad en el sistema cerebral de recompensa y se ponen en juego prácticamente las mismas áreas de activación, pero además, presentan también algunas particularidades. Una de ellas es la ínsula, que aparece especialmente activa en el orgasmo femenino. Otra de las diferencias más significativas entre hombres y mujeres se detecta en algunas de las áreas silenciadas, que lo están significativamente más en las mujeres. Algunas de estas regiones son la corteza orbifrontal lateral del lado izquierdo, una región del lóbulo frontal relacionada con el control de los impulsos y el autodominio, y la corteza dorsomedial prefrontal, que participa en el razonamiento moral y los juicios sociales. En este En este escenario, la disminución del juicio puede dar lugar a una disminución del autocontrol y un aumento de la desinhibición como antesala a la escalada hacia el placer. Y es que en la mujer, el estrés, la ansiedad y las preocupaciones son grandes enemigas de la excitación y dificultan, si no bloquean, la posibilidad de llegar al clímax. En realidad, durante la excitación y el orgasmo, en el cerebro se da un proceso continuo y constante de fenómenos de activación e inhibición de regiones y redes neuronales que, a través de diferente moléculas neuroendocrinas, en Conjuntó se traducen en unos sentimientos y unas conductas determinadas y que no son idénticas en cada persona. El clímax sexual descarga una avalancha de oxitocina, serotonina y endorfinas que van a jugar un papel crucial en las sensaciones de placer. Tras el orgasmo se produce una disminución de la dopamina que favorece la liberación de grandes cantidades de prolactina, lo que puede traducirse en somnolencia y la aparición del período refractario, durante el que baja la excitación sexual, que es distinto en hombres y mujeres. Por otra parte, la testosterona disminuye en el hombre.








Esta disminución, unida al aumento de la prolactina, conduce a muchos hombres a un período refractario más marcado que en las mujeres. En contraste, muchas mujeres después del clímax están en situación de volver a excitarse. Esta falta de período refractario en muchas mujeres y algunos hombres podría estar relacionada con el aumento de la oxitocina. La oxitocina ha demostrado ser un potente regulador de las conductas sexuales en los mamíferos, puesto que actúa sobre ciertas regiones del hipotálamo para inducir el deseo sexual, e interviene en algunos mecanismos de la erección del pene y la eyaculación. Un dato interesante, que ya hemos apuntado, es que el aumento de oxitocina y prolactina parece no ser significativo durante la masturbación. Eso explica el por qué el sexo en compañía genera un sentimiento de satisfacción que no es posible alcanzar practicando el onanismo. Seguramente, debido a que la activación del núcleo para-ventricular del hipotálamo, además de liberar oxitocina, proyecta sus terminaciones nerviosas hacia áreas cerebrales relacionadas con la sensación de satisfacción y placer. Los mecanismos implicados en la conducta sexual y la excitación son similares Los relacionados con la adicción a las drogas. La base de todas las adicciones es el mecanismo de recompensa. El aumento espectacular de dopamina durante el acto sexual es igual al que produce el consumo de anfetaminas o de cocaína. La dopamina nos «engancha» al sexo, del mismo modo que sucede con las drogas. Cuanto más complicado resulte conseguir la recompensa, más placer nos producirá consumirla. No hay nada más estimulante para aumentar la motivación que tener dificultades para conseguir eso que deseamos. Así, la excitación sexual provocada por la espera prolongada tiende a generar una descarga más intensa y una recompensa mucho más placentera. Aquí los juegos de seducción y los prolegómenos eróticos ponen en juego las estrategias y conductas para hacer aumentar el deseo y la motivación de conseguir la recompensa en el amante y llevado a tocar el cielo.





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