Con su luz abrasadora en sus fuertes vientos, el Sáhara atrae numerosos proyectos energéticos, pero recientes estudios sugieren que estos
consiguen algo más que energía renovable. La instalación a gran escala de
parques eólicos y solares puede estimular más lluvias y crecimiento vegetal en
estas regiones. El aumento de las precipitaciones es consecuencia de las
complejas interacciones entre la Tierra y la atmósfera, que se produce debido a
que los aerogeneradores y paneles solares generan superficies más duras y
oscuras.
Una técnica de modelización revela que el entorno que rodea
las palas de la turbina y los paneles solares pueden ser transformados, de
manera que duplicaría las precipitaciones en la zona. Como resultado, la
cobertura vegetal aumentaría un 20%, derivando en un bucle de retroalimentación
positiva. La transformación es fruto de la contribución de la turbina a la
mezcla de calor en la atmósfera, al empujar el aire más cálido hacia el suelo y
al incrementar la fricción de la superficie de este, lo cual deriva en mayor
probabilidad de lluvia. Los paneles solares también reduce la luz que se
refleja en el desierto, aumentando la posibilidad de lluvia. El simulacro se ha
basado en el parque fotovoltaico del tamaño de Estados Unidos, construido junto
a aerogeneradores que abarcan cerca del 20% del Sahara. Si se realiza un
proyecto así supondría no solo la conversión del desierto en un lugar verde,
sino también la producción de muchísima energía renovable.

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